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Bula Papal de Cruzada

Esta semana Natalia ha encontrado en Embutidos Entrepeñas esta Bula Papal de Cruzada de ayuno y abstinencia otorgada a su abuela en 1953.

Mucho han cambiado las costumbres religiosas españolas desde mediados del siglo XX hasta nuestros días.

Nos remontamos a mediados del siglo IX, cuando el Papa Nicolas I puso en vigor una Ley eclesiástica por la que los católicos tenían la obligación de abstenerse de comer carne todos los viernes del año, guardar ayuno durante los días de Cuaresma y abstinencia con ayuno el miércoles de ceniza y los viernes y sábados de Cuaresma. La Iglesia Católica considera un pecado mortal que un católico coma carne los viernes de forma consciente y voluntaria sin una razón que lo justifique. Y por tanto que si un hombre muere en pecado mortal sin arrepentirse va al infierno.

La ley fue acompañada por la Bula Papal de Cruzada, un impuesto que libraba a quien lo pagaba de la obligación de guardar abstinencias y por tanto, los salvaba de la condenación eterna.

Esta ley de ayuno y abstinencia se cumplía rigurosamente y si se tomaba por descuido cualquier alimento cárnico conllevaba la confesión para quienes no hubieran adquirido la bula. Para ciertos negocios gastronómicos el periodo de Cuaresma conllevaba ciertos problemas, y muchos de ellos tenían que cerrar durante esos días por la imposibilidad de organizar comidas de abstinencia.

¿Pero en qué consistía exactamente la Bula Papal? La Bula permitía tener la obligación de hacer vigilia todos los viernes de Cuaresma, guardar ayuno el miércoles de ceniza y ayunar con abstinencia el viernes santo. Así podían tomar huevos, lácteos y pescado cualquier día incluidos los de ayuno.

El precio de la bula iba de 50 céntimos hasta 10 pesetas, dependiendo del nivel económico del comprador.

Esta bula permitió a los españoles llevar el periodo de cuaresma de una forma menos rigurosa y a la Iglesia le suponía un importante beneficio económico.

En los años 60, debido al turismo y la emigración de obreros españoles, hubo cierta relajación en las costumbres, y ya no se compraban tantas bulas como antes. Así, en 1966, el papa Paulo VI, tras el Concilio Vaticano II, modificó las leyes de ayuno y abstinencia, reduciendo los días de abstinencia, aunque mantuvo la obligación de abstenerse de comer carne y suavizó las normas de ayuno cuaresmal. Sustituyó la abstinencia y el ayuno por la oración y obras de amor al prójimo. Paralelamente y poco después, la Conferencia Episcopal eliminó definitivamente la Bula Papal.

Paralelamente, había otras costumbres en el periodo de Semana santa como vestir de forma modesta, dar limosna, abstenerse de diversiones o de hacer vida social. En las emisoras de radio se emitía música sacra en lugar de programas de variedades, las salas de baile cerraban por mandato de autoridad. Los cines cerraban o se limitaban a poner películas de carácter religioso. Usos y costumbres totalmente desaparecidos hoy en día, manteniéndose casi en exclusividad las procesiones como símbolo de una cultura tradicional.